Entradas

Mostrando entradas de mayo, 2019

BAJO LAS NUBES

Imagen
Fumó su tabaco y fue a la silla a mecerse. Pensó en el mar y en las tormentas que alguna vez azotaron el bote. Miró hacia arriba y vio rostros en las nubes. Dialogó con nadie un buen rato, dialogó con peces que nunca mordieron el anzuelo. Fumó otras veces pero ya sin levantarse de la silla y sin dejar de mecerse. Luego se fue convirtiendo en una sombra proyectada en la medianera del patio, bajo la parra seca. En el sueño, el viento de la playa le pegaba en la frente y una niña se reía. Tuvo espasmos de frío en el sueño, tuvo frío de este y del otro lado.  Ya estaba despierto otra vez cuando sintió que alguien le acariciaba la espalda -Tus nietos te vinieron a visitar- dijo ella. Él sonrió dulcemente. Por cortesía no le preguntó a esa mujer, que tenía arrugas muy finas cuando sonreía y algunas pocas canas amontonadas en un mechón del flequillo, que quién era ella. Le pidió una manta. -De lana, la manta- dijo él. Y volvió a cerrar los ojos. A su alrededor revoloteaban ...

OESTE

Imagen
El día quema su pupila sobre la tierra   salvaje y buena. Calle con pibxs: arcos de cielo y adoquín, balón sin gajos. Algo como el conjurado silencio de las estrellas parpadea entre vagón y vagón que pasa. Retorno de carros cartón flanqueando el terraplén. Estación de chipa fría y bolso al hombro: contorno de lxs que vuelven sobre el furgón. Pantalla con beso o mano vacía, todo se derrama en esa ardiente retirada, roja y reiterada perspectiva. 🖎Hernán Boeykens

ABBEY ROAD

Imagen
1969. Afuera es dictadura. Adentro las volutas de humo danzan alrededor de su cabeza. Fuma mientras pone la pava al fuego. Las noticias de París aún están frescas. Córdoba todavía está caliente. Afuera las nubes danzan alrededor de la luna, que no se deja ver. “Here comes the sun”, entona y se va rumbo al trabajo. Contorno de chimenea y galpón. No amanece. Y ya está marcando tarjeta. 1979. Los libros apilados sobre la mesa, forrados con tapas de otros libros. El té se enfría. Ella arde con los sueños que le golpean el pecho. Arde cuando piensa en los compañerxs. La noche mete miedo ahora. Los libros, la taza, la revolución, en pausa. Ella describe una estrella en un solo trazo de líneas que se entrecruzan en la contratapa de un cuaderno. “She´s so heavy”, dice. Toma un sorbo de té. Llora y ríe. Toma un libro y lee. 1989. Él llega tarde. Los niños duermen. Hay unas milanesas y una nota en la cocina. Él corrobora el sueño en el cuarto: los dos respiran suavemente. Ella es...

HOPLIAS MALABARICUS

Imagen
A quel niño solo. Su mirada fija en la boya naranja, negra e inmóvil sobre el agua. Camalotes y aves se funden en sus ojos. Espera. De eso se trata todo. Tensas las manos, la respiración suave en sus pulmones nuevos. No hay nada más. La laguna, las aves, los camalotes. Ni hambre siente. Puede comprender, comprende todo. De eso se trata. Sabe la muerte, sabe que es algo posible y concreto. Se permite sonreír. Hace horas que no habla. Un viento le subleva el pecho. Presiente. El sol se filtra a través de las ramas de los sauces. Se prepara. Todo lo que se puede pensar tiene forma de pez, piensa. De pez y de laguna, se corrige. Sonríe otra vez. La boya zozobra en el agua parda, formando anillos. Con violencia, al fin, se hunde. 🖎Hernán Boeykens

BUENOS FANTASMAS

Imagen
E ran las horas de la siesta o de las telenovelas. Grecia lloraba por alguien, Andrea lloraba por alguien. Mi abuela miraba en silencio, ni sorprendida ni angustiada, como si supiera todo lo que vendría después: el sopapo o el beso, la ceguera o la silla de ruedas, la victoria de una mucama convertida en señora o la tanda publicitaria. Entonces me desprendía del sillón o de la cama. Me fugaba sigiloso de la habitación y buscaba en el largo mueble del pasillo los únicos libros que me sabía de memoria o hurgaba en la caja de zapatos las fichas Safariclub hasta dar con el cartón de la “Beluga” ( delphinapterus leucas)  que, como todo el mundo sabe, en su cerebro tienen un radar con el que encuentran todo. Ahora los libros ocupan una fracción en la biblioteca de Ana y cada tanto tomamos uno y lo leemos juntos antes de dormir, o antes de los juegos que nos deparan las tardecitas mansas. Las fichas se arruinaron en una inundación porteña en la casa de Floresta, con agua del Ar...