ABBEY ROAD
1969. Afuera es dictadura. Adentro las volutas
de humo danzan alrededor de su cabeza. Fuma mientras pone la pava al fuego. Las
noticias de París aún están frescas. Córdoba todavía está caliente. Afuera las
nubes danzan alrededor de la luna, que no se deja ver. “Here comes the sun”,
entona y se va rumbo al trabajo. Contorno de chimenea y galpón. No amanece. Y ya
está marcando tarjeta.
1979. Los libros apilados sobre la mesa,
forrados con tapas de otros libros. El té se enfría. Ella arde con los sueños
que le golpean el pecho. Arde cuando piensa en los compañerxs. La noche mete
miedo ahora. Los libros, la taza, la revolución, en pausa. Ella describe una
estrella en un solo trazo de líneas que se entrecruzan en la contratapa de un
cuaderno. “She´s so heavy”, dice. Toma un sorbo de té. Llora y ríe. Toma un
libro y lee.
1989. Él llega tarde. Los niños
duermen. Hay unas milanesas y una nota en la cocina. Él corrobora el sueño
en el cuarto: los dos respiran suavemente. Ella está de guardia. Él se desliza
por el living, busca una luz. Ella se pasea por las camillas; toma
temperaturas, conversa con lxs viejxs hacinados en la terapia. Él se desprende
la camisa engrasada, se sirve un vaso de vino, que ayer costaba la mitad de lo
que cuesta hoy. Hace tiempo que no duermen juntxs. Ella piensa que quizá sea el
momento de empezar de nuevo. Él enciende el automático y el disco desciende
hasta la bandeja por última vez. Recién entonces muerde una milanesa fría y se
deja caer en el sillón. “Ou, darlin, ifiu lit mi…”, canturrea en un inglés de
mentira.
2019. Vuelve a sonar. No le prestamos
mucha atención a las canciones, hay un juego (o dos) que nos distraen.
Alternamos entre ser una realeza disparatada o jugar a contar las cartas de la
baraja. Somos reyes, príncipes, reinas o princesas como los naipes repartidos
en la mesa ratona. El disco salta. Pero vuelve al surco donde Harrison canta “Something”.
Ella juega. Yo juego y escucho que “en algún lugar de su sonrisa ella sabe…”
…Y sube el precio del pan hasta las
nubes y llegan noticias calientes de Caracas y arden los diciembres porque los
sueños siguen golpeando en el pecho. Y nunca es tarde para empezar de nuevo.
🖎Hernán Boeykens

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