EL VIEJO, EL OTRO VIEJO Y EL MAR
En cualquier caso, es ese teléfono en silencio después de los partidos del domingo. O que se acabó el etiqueta roja, no da el bolsillo para reponerlo y yo creo que había siempre una botella por la mitad en el departamento de Núñez, en ese mueble anticuado. Ese, el que tenía unas ventanitas de vidrio color caramelo. En todo caso, cualquiera de estos caprichos me haría escribir. O que también compartimos algunos, poquísimos, libros. Porque intercambiábamos más desencuentros y debates sin destino que novelas. Una vez te obsequié uno de Hemingway. Y al cabo de un tiempo, me dijiste: “Termino de leer "El viejo y el mar", cuya versión cinematográfica vi primero con Spencer Tracy y creo que otra con Anthony Quinn. El libro tiene la ventaja de que podés releer cada pedacito de monólogo, en este caso, las veces que uno quiera. Es fantástico Hemingway, no te deja despegarte del relato ni un momento. Me emocionó la lucha del viejo Santiago -será por lo de viejo. Lo emparento...