BAJO LAS NUBES


Fumó su tabaco y fue a la silla a mecerse. Pensó en el mar y en las tormentas que alguna vez azotaron el bote. Miró hacia arriba y vio rostros en las nubes. Dialogó con nadie un buen rato, dialogó con peces que nunca mordieron el anzuelo. Fumó otras veces pero ya sin levantarse de la silla y sin dejar de mecerse. Luego se fue convirtiendo en una sombra proyectada en la medianera del patio, bajo la parra seca. En el sueño, el viento de la playa le pegaba en la frente y una niña se reía. Tuvo espasmos de frío en el sueño, tuvo frío de este y del otro lado.  Ya estaba despierto otra vez cuando sintió que alguien le acariciaba la espalda
-Tus nietos te vinieron a visitar- dijo ella.
Él sonrió dulcemente. Por cortesía no le preguntó a esa mujer, que tenía arrugas muy finas cuando sonreía y algunas pocas canas amontonadas en un mechón del flequillo, que quién era ella.
Le pidió una manta.
-De lana, la manta- dijo él.
Y volvió a cerrar los ojos.
A su alrededor revoloteaban dos niños colorados, llenos de pecas y de caramelo pegoteado en la boca. Las nubes se cerraron sobre la parra. El cielo era una acuarela monocromática.
La mujer volvió con la manta y una fotografía. En la imagen, ella despeinaba al hombre montada en sus hombros y reía. Lo cubrió con la manta y le dejó la foto sobre el regazo.
-Vengan, déjenlo descansar- les dijo la mujer a los niños.
Él cerró los ojos y se volvió a dormir. En el sueño dijo el nombre de una niña que lo despeinaba mientras reía montada sobre sus hombros.


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