JACK



Si pudiera, me iría al Yukón… a buscar un sendero que me lleve bien lejos, entre las montañas y los bosques, entre la nieve y los sueños. Perseguiría un susurro o un aullido. Yo sería con gusto Buck o White Fang. Buscaría cada tanto el calor de una fogata y una caricia humana (sólo algunas veces). Correría con mis primos los lobos, tomaría el agua del arroyo, dormiría en cuevas. Si pudiera.
Hoy escuché esa invocación. Venía desde lo alto del edificio. Venía de una caja de cartón, de un estante polvoriento. Entonces subí a una silla y revisé lomo por lomo los libros de las colecciones más viejitas hasta que los dedos me quedaron grises. Acudí. Y encontré el ejemplar. Frágil como un copo de nieve, sin hablar me dijo: “Es tiempo de volver al bosque”.
Así recordé algo que podría haber sido una canción, algo de cuando me pasaba algunas noches sentado como ahora, con la ventana abierta, el rumor de los árboles y el resplandor de la luna, pensando que lindo sería escribir como Jack una historia así, una historia en Alaska. Pero apenas me salían unos pocos versos mal barajados...

El llamado de la selva

Cuando vuelvan 
los lobos a lamerme las manos
o a la puerta 
de mi pecho donde apoyan sus patas,
voy a cantar un himno que les haga justicia.
Cuando vuelvan los lobos, 
y esté el plato vacío,
voy a pedirles que se queden
hasta que se haga la noche. 
Cuando vuelva la jauría y se lleve
mi carne y mi miedo a los lobos,
voy a seguirlos hasta el último bosque.

22/04/2012

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